
Como todas las historias de hadas, dragones, castillos y obviamente principes azules, yo tambien tengo la mia. Digamos que hace no tanto conocí a un principe azul, con ojos celestes, cabellos dorados como el sol, un hermoso castillo, trajes de seda y su infaltable brioso corcel.
Obviamente yo no soy la princesa de la tipica historia, no me creia lo suficientemente rubia, ni alta, ni con largos y dorados cabellos. Siempre soñaba en mi infancia con ese hermoso y valiente principe, que me rescatarà de las garras de la bruja malvada que me hacia mirar a un horrible espejo en el que me recordaba todas las mañanas mi evidente carencia de gracia, y de dotes de princesa.
Un dia decidí ir en la bùsqueda de èl, estaba convencida de que si existia, y comencè a indagar en todas las partes posibles donde podia estar, como soy una damicela de la era moderna, me adentre en los ducados, reinados, y paises cercanos que se encontraban en una pequeña ventana que me obsequiaron mis hadas madrinas. Alli pasaba horas, ponia aununcios, le escribia poemas, le dedidacaba canciones, pero ningùno aparecia.
Un dia la ventana me mostrò la imagen de un hermoso principe que tenia un enunciado en la entrada de su castillo "Busco Princesa"...de inmediato corrí, emocionada con la idea de poder hablar con èl.
_ Acaso eres un principe? Le preguntè.
_Si! lo soy. Soy el Principe Figo.
_Enserio? Te habia estado buscando desde hace mucho, no te imaginas, he pasado por todas las torres, pensando que te habias quedado dormido, he buscado en cada tierra cibernetica que existiera, aprendí nuevos idiomas por si habias olvidado el tuyo, pero por fin te encontrè.
_Pues, creo que ambos nos encontramos, estaba cansado de las princecitas de mi reino, todas eran demasiado rubias, demasiado altas, con ojos demasiado azules, cinturas muy pequeñas, labios muy rojos. Yo queria algo exactamente como tù. Diferente, con cabellos...exòticos, labios gruesos, una cintura inexplicable, y con la habilidad de buscar incasablemente lo que quiere. Te gustaria salir en mi corcèl?. Esta afuera esperando por nosotros.
Y asi comenzò una historia màs. Se hicieron inseparables, tenian màs cosas diversas que en comùn, èl era tan dorado como el oro, ella era tan negra como la noche, pero aùn asi, no podian dejar de hablar, de mirarse y de sentirse tan atraidos èl uno por el otro.
Ok, Ok como esto es una historia màs real, ambos tuvieron que regresar a sus lugares de origen, ella a seguir trabajando, pero todos los dias al final del dia corrian a sus ventanas màgicas y se contaban todas las aventuras que habian vivido.
Un dia, yo, la princesa de esta historia, en un dia comùn, sintiò un estruendoso ruido en la mesa que estaba cerca de su escritorio, en su lugar de trabajo, sintio a alguien gritando exasperadamente:
_ "Vamos! Vamos corcèl...estoy harto que seas tan flojo! Necesito que te muevas".
De repente la puerta se abrè, y entra un joven alto, algo desaliñado, pero con una mirada tierna, algo obstinado, pero con unos ojos color miel hermosos.
-Buenos dias!!! Exclamò.
Fugaz pasò frente a su mesa.
Asi cada dia hacia su entrada estruendosa al lugar de trabajo. Obstinado, cansado de que su corcèl lo dejara tirado en cualquier lugar, casi no hablaba con nadie. Pero esto intrigaba todos los dias un poco màs a la seudo princesa. Claro, por nada del mundo dejaria a su principe de cabellos dorados que habitaba en en lugar lejano donde los bosques estaban llenos de frutos, hojas de colores y donde hermosos lagos rodeaban su palacio.
Un dia, comùn, como todos los que ella vivia, èl joven extraño se le acercò.
-Hola. Soy Santiago
Ella algo nerviosa, sin saber por que algo la inquietò, probablemente era la presencia del alto, y no tan feo joven, y con una voz algo insegura le responde:
-Dime en que te puedo ayudar?
- Es que necesito un permiso para entrar al castillo vecino a la ciudad, me han dicho que tu trabajo es entregar estos permisos.
-Ah! si. Enseguida te lo entrego.
El algo distraido, tomò veloz lo que necesitaba y se fue del lugar dejando en la mente de la seudo princesa una latente pregunta: Es que acaso existian principes pobres? Principes con viejos corceles, Principes a los que ninguna princesa miraria por falta de oro, joyas, castillos rodeado de bosques.
Y si acaso existian...eran principes al fin, no?


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