Luego de aquel encuentro entre la princesa y aquel joven de extraña personalidad, su misiòn de cumplir lo que obviamente toda buena princesa de cuentos quiere, casarse, tener un gran banquete en el gran palacio y restregarle en la cara al resto de las damicelas del lugar que ella se lleva al codiciado principe, se habia convertido en casi una obsesion para ella.
La fecha de llegada de Figo estaba tomada. Ya todo estaba listo, solo deberian esperar unos meses màs y por fin se verian en persona. Podrían cumplir lo que ambos habia deseado desde que se conocieron aquel dia en la ventana màgica.
Cozza les comentò lo que habia sucedido con aquel joven del trabajo a lo que una de ellas le respondiò:
_Mi querida Cozza, recuerda que tù eres tan fea, sin gracia, por no decirte desgraciada, y tan poco codiciada por los principes de este reino, que por si no lo sabes son muy pocos a los que les interesa andar en su corcèl con una princesa, mucho menos fea como tù, ni te iràn a buscar en medio de desiertos, ni cruzaràn mares por ti. Asi que es mejor que dejes de pensar en un sapo con aspiraciones de convertirse en principe, caballero o lo que sea que quiere ser.-Pero...Hada! Y si existe un principe para cada una? Hasta para las damicelas como yo? Por que tengo que querer tener un principe con ojos azules, cabellos dorados y un gran castillo, claro; estoy feliz de que Figo me ame, y quiera estar conmigo, pero, no te parece una tarea dura tratar de mantenerlo a mi lado con tantas princesas bellas en el reino?
-Ay cozza, cozza, que cosa contigo, Eres fea querida! Pero gracias al cielo pudimos hacer algo con tu inteligencia, seguramente podràs mantenerlo contigo siempre si eres tal cual eres. No te preocupes y deja de pensar en el tal santiago, sebastian, o como quiera que se llame el recien conocido ese.
La princesa igual que todas las tardes corriò a la ventana a encontrarse con su principe Figo, quien a pesar de la distancia seguia tan prendado de su "inteligencia", pero ella, por alguna extraña razòn no podia sacarse de la cabeza a aquel aspirante a caballero pobre que habia visto por tanto tiempo en su trabajo y que hasta ese día precisamente, habian cruzados mas de dos oraciones juntas.





